Tengo la Mirada abierta y contemplativa
gracias al reflejo de mi niñez curiosa,
que reside en las rasgaduras de mi piel de arcilla.
Soy mil veces vida, oída en mis manos,
que sollozan la vertiente que vi de niño y
que hoy no a de existir jamás en mis dias.
Aquella que humedecía la existencia pura de mis pies infantiles,
en la corriente vertiginosa de aguas que nacieron para la eternidad.
Contemple la Vida, reflexione la muerte
y sin dejar cabida a la duda, siempre supe
porque debía yo de existir en este arrozal pasajero,
de belleza finita en la materia y eterna en mi sentir.
El escote de las montañas,
amamantaron mi imaginación,
el aire enrarecido de aromas y sonidos,
alimentaron mis oídos calentados y refulgentes del amor.
Así, de la simpleza nace la vida y la infinita universabilidad del pensamiento,
que se dejo caer sin almohada, en mi alma febril...
...aquella que cobijo cada paso de mi libertad
y contemplación que por siempre a de seguir.
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